LA CEREZAL: RICA CASUALIDAD ASTURIANA

El descubrimiento de este restaurante fue pura casualidad. Ante la imposibilidad de comer en Ribadesella, decidimos ir dirección Llanes por la AS-263 con la típica tensión que producía el hecho de que fueran las 15h, el hambre apremiara y no tuviéramos ni idea de si encontraríamos algún sitio para echarnos algo al estómago. Pero en esta ocasión, y no siempre pasa, tuvimos suerte…mucha suerte, ya que a los 2-3 km de salir de Ribadesella nos encontramos con este establecimiento.

Es cierto que se trata del “típico restaurante de carretera”, nada atractivo desde fuera y en el que sólo pararías si estás pasando por allí  a la hora de comer o si ya lo conoces. Es cierto que por dentro encaja con el concepto prefijado que todos tenemos de un lugar de estas características: salones amplios, mucha gente yendo y viniendo, muchos camareros de un lado para otro, decoración corriente, mobiliario viejo, reformas por hacer, etc. Es cierto que no es un sitio tranquilo, es más, diría que sobre todo los fines de semana a mediodía el ruido llega a ser, por momentos, ensordecedor.

Pero amig@s, todo esto da igual cuando lo que te dan de comer está tan rico. La cocina de esta casa respira tradición por todos sus poros y hace un amplio recorrido por las múltiples variantes que ofrece la gastronomía de esta tierra. Todo, absolutamente todo lo que pidáis, está buenísimo. Cocinado en su punto y con los ingredientes que tienen que ser. Respetando al máximo el sabor del producto, donde cualquier plato que comes sabe a lo que tiene que saber. En resumen, la cocina asturiana de toda la vida.

En cualquier caso, y aunque os invito a que pidáis lo que os dé la gana, voy a haceros algunas recomendaciones de los platos que considero mejores. El lugar tiene una fama bien merecida por los arroces caldosos, y en concreto, por el de Bogavante. La mayoría de la gente lo pide y cierto es que está impresionante. Pero si queréis probar otras opciones yo me decantaría por el de jabalí y, sobre todo, el arroz negro con calamares. El calamar de potera es de primera calidad y el fondo del arroz tiene una potencia fuera de lo normal en los arroces negros.

Si preferís tirar por los moluscos no lo dudéis. Pedir las zamburiñas con gulas. Salteadas los 2-3’ de rigor, su textura en muy tierna y delicada, con un toque picante que potencia mucho más su sabor.

Otra opción excelente son las distintas calderetas de pescado (recomendable la de raya y la de rape) que suelen ofrecer o directamente los platos de pescado del día cocinados al horno, plancha, espalda… Todos fresquísimos y jugosos.

En cuanto a los postres: flan, arroz con leche, frixuelos (filloas), tarta de queso, leche frita….aunque yo os animo a que pidáis un plato variado. Una vez llegados a este punto de la comida, las calorías son lo de menos. Eso sí, con el café pediros sacarina…

Así que ya sabéis, si alguna vez estáis por Ribadesella, aprovecharos de mi casualidad y no tentéis a la suerte.

Pd: es imprescindible reservar. Si podéis, hacerlo en la parte de atrás con vistas a un pequeño prado. Es la zona más tranquila y bonita del restaurante. Y por supuesto, dejaros aconsejar en cuanto a cantidades. Ya sabéis como se las gastan por aquellos lares…

Precio medio: 30€

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