CASA CLAUDIO: REFERENCIA DE LA COCINA EXTREMEÑA

Descubrí Casa Claudio hace ya más de una década. Y desde entonces, este negocio familiar con treinta años de historia situado en el tan especial para mí Casar de Cáceres, no ha dejado de evolucionar y sorprender hasta llegar a convertirse en lo que es hoy: uno de los mejores restaurantes de Extremadura.

Su cocina representa el respeto máximo a la esencia de los mejores productos de esta tierra, pero tratados desde una perspectiva creativa e innovadora que no duda en fusionarlos con excelentes materias primas de otras latitudes nacionales e internacionales para sacarles un mayor partido.

El local, recientemente reformado y ampliado, es inmenso y cuenta con diferentes y variados espacios en función de las necesidades de los clientes. Yo me centraré en los que nos interesa que es el salón donde se da el servicio a la carta de restaurante y el jardín, dejando de lado la celebración de grandes eventos tipo bodas o el servicio raciones (también muy recomendable) en terraza y cafetería que cuenta con carta propia. Pues bien, dicho salón es un comedor minimalista y elegante, donde el blanco y beige de paredes, mantelería y suelo le confieren una gran amplitud, combinando perfectamente con el negro de las sillas. En el verano, y siempre que no haya evento, podéis disfrutar de la cena en su enorme jardín con zona de césped, fuente y otros elementos decorativos de diseño.

Vamos al lío. Lo primero que tenéis que tener en cuenta es que la carta varía cada tres o cuatro meses, dando prioridad a los alimentos de temporada. A pesar de esto, existen algunos clásicos que se mantienen fijos desde hace tiempo por la gran aceptación que tienen. Así, podéis empezar por el Tarantelo de atún con sisho y guacamole. El tarantelo es la parte que se encuentra entre la ventresca y la cola, mucho menos grasa, que en este plato se presenta en tartar con un guacamole muy bueno junto a los toques anisados y de albahaca del sisho. Otra buena opción y muestra de la filosofía de la cocina de Casa Claudio es el Risotto de boletus, criadillas de la tierra y torta del casar. El arroz en su punto, meloso, potente y lleno de sabor. Por supuesto, si preferís ir al grano y dejaros de historias, pedir embutido de la tierra, torta del casar y pan de cristal. Tan ricamente.

Para continuar, otro dos de los grandes productos de la tierra. La Pluma de bellota marinada en boniato y las Carrilleras de bellota glaseadas con cebolla Cumberland. El cerdo en su máxima expresión con toques de cocina francesa. En la primera opción, sorprende como puede dar de sí un elemento tan básico como el boniato y potenciar una pieza del cerdo tan minusvalorada en otros tiempos, pero con unas posibilidades tremendas. Respecto a las carrilleras, guisadas pacientemente con su vino tinto de la tierra, se deshacen dejando en la boca sabor a romero y tomillo.

Pero como no sólo del porcino vive el hombre, Casa Claudio ofrece una amplia oferta de platos de pescado que no os defraudaran. Las Carrilleras de atún rojo confitadas y glaseadas con piñones y puré de hierbas son espectaculares. El Lomo de merluza de pincho con romescu, alioli de yuzu y verduras también está muy bien. Otro plato que es uno de los clásicos y que la gente suele pedir mucho es la Merluza especial de la casa rellena de jamón ibérico, fondo de cebolla pochada, salsa de champiñones y tempura de verduras. A mí me parece un plato excesivamente pesado por el rebozado del pescado y la salsa, que además (al menos las veces que yo la he pedido) suele quedarse algo seca por el tipo de cocinado. Pero para gustos…

Para acabar, daros uno o varios caprichos. La tarta melosa de queso con helado de galleta es de las mejores que he probado. Y sí, sabe a queso, no como las porquerías que solemos comer por ahí que no han visto este producto ni de refilón. Las milhojas de pistachos y chocolate blanco están riquísimas. Por último, la piña caramelizada rellena de mousse de coco, fresas y helado de violetas puede convertirse en el fresco, perfecto y contundente colofón a vuestra comida.

Y sí, digo contundente porque, aunque la estética de los platos es muy cuidada, las raciones son bastante grandes. Algo que se agradece. A destacar también la más que correcta carta de vinos, con excelentes referencias de la zona. El servicio, por su parte, es profesional, educado y atento.

En definitiva, si algún día pasáis por aquellos lares dispuestos a disfrutar de esa maravillosa tierra y de la monumental Cáceres, no olvidéis hacer un receso en este gran restaurante de este pequeño y especial pueblo extremeño.

Precio por persona: 40€

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